La liberación del mundo comunista.
A pesar de los grandes obstáculos del proceso reformista de la URSS, la repercusión de la perestroika y el glasnost en los países del entorno del “comunismo real” ha sido profunda y trascendental. La aparición de Gorbachev como líder de la URSS y propulsor de los cambios en el mundo de los países fraternos presento la condición sinequa non para las transformaciones cismáticas acaecidas en las naciones de Europa Oriental que provocaron “su huida hacia el futuro”.
Alexander Pumpianski, director de la revista soviética Tiempos Nuevos, lo expresa muy claramente: “Sin la perestroika en la URSS, en realidad nada hubiera ocurrido en los países satélites. El máximo de lo posible: un proceso lento, subterráneo y profundamente oculto a la mirada vigilante de Moscú. Ellos intentaron: el 53, en Berlín; el 56, en Hungría; el 68, en Checoslovaquia; e, indefectiblemente, los carros de combate soviéticos entraron, por decirlo así, en la discusión, privándolos por mucho tiempo de la fe en la posibilidad de los cambios. Después de Moscú[…]apareció Mijaíl Gorbachev, un dirigente que ha tratado de insuflar vida en el reino del inmovilismo. Comenzó a hablar de democracia, de una forma decidida y radical […]de la libertad de opción de los países y pueblos […](y) se rompió la compuerta. Con la piel, con una especie de sexto sentido, la gente comprendió que los carros de combate soviéticos estaban cansados […](y) ahora desde Moscú se ven solo las espaldas de nuestros hermanos euro-orientales en su carrera hacia Occidente”.
Esta carrera hacia la occidentalización a que alude Pumpianski solo producirse después de que la dirigencia reformista de la URSS asegurase claramente que, en su nueva relación con los países fraternales del entorno socialista, no pretendería imponer su criterio de modelo sociedad, de organización política o de sistema económico.
La nueva elite en la dirección de la URSS no solo ceso en su esfuerzo de evitar los cambios, sino que los propicio. A cada país miembro de la fraternidad socialista se le estimulo a encontrar su propio camino de desarrollo, dentro o fuera del sistema comunista, sin temor a la intervención de los tanques soviéticos.
El efecto de la nueva política hacia Europa del Este fue inmediato y profundo. Primero, los cambios moderados desde la cúspide del poder y después los cambios políticos radicales desatados por las presiones populares y latentes bajo la represión domestica y extraña. La expresión de la voluntad popular presente en la rebelión alemana de 1953, el levantamiento obrero en Polonia de 1956, la revolución húngara también del 56, la primera de Praga de 1968, las huelgas obreras de Gdansk en 1980 y el surgimiento de “Solidarnosc”, se manifestó de nuevo en 1989 en una carrera hacia el cambio radical y el alejamiento de la URSS que debía implementarse y concluirse antes de que se produjese una temida involución en el proceso de cambio soviético.
Lo rotundo de debacle del comunismo europeo, olvidandonos del estatismo tercermundista ahora vacio de ideología, lo pone en perfecta evidencia Milovan Djilas cuando afirma que el “sistema está en desintegración en todas sus formas, aunque todas las formas no se desintegran con la misma intensidad ni de raíz. No existe nada que tenga visos de mantenerse. Es más: nada, ni en el campo político ni en el económico, muestra indicios de un desplazamiento hacia la prolongación del sistema `socialista`, aunque reformado, ni tampoco hacia algún socialismo `mejor´ o mejora socialista. Simplemente se desintegra y desmorona todo el sistema y aparece el nuevo, todavía no formado definitivamente”.
Por otra parte, el historiador y sociólogo francés Alain Touraine puntualiza incontrovertiblemente “que no asistimos en ninguna parte a una reforma o a una reestructuración de un régimen comunista, sino, en todas partes, a la salida del comunismo. En todas partes se ha planteado la misma cuestión, ya formulada por [Eugene] Ionesco: ¿Cómo quitárnoslo de encima?”
Al elegir con libertad, los países del socialismo totalitario y la dictadura del proletario optaron por la democracia y la economía de mercado. El gran sueño revolucionario de justicia y libertad, trastrocado en la realidad degradante del marxismo-leninismo, ha terminado.
Derechos de Autor
Pedro Ramón López Oliver. Libro: Cuba: Crisis y Transición. Copyright (c) 1992 by the University of Miami. Publicado por el Centro Norte-Sur dela Universidad de Miami. Derechos exclusivos de edición en castellano reservados para todo el mundo. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna sin permiso previo del editor.
Notas
1J.A. Schumpeter, Capitalismo, socialismo, y democracia, Madrid: Ediciones Folio, S.A., 1984 95, 223.
2Identificar posiciones mediante el aserto negativo resulta, si no confuso, al menos incompleto. Sin embargo, en el caso presente utilizo el “no marxista” resultando el parámetro de la definición que de si mismo dio Schumpeter en su momento; distinguiéndose entre “los propugnadores de la sociedad fundada en la empresa privada y los propugnadores del socialismo democrático” se concibió a sí mismo como “uno que no es marxista”.
3Ibid., 194.
4Ludwig von Mieses, Socialísmo, Buenos Aires: Western Book Foundation.
5Agnes Heller, “Las revoluciones gloriosas” de la Europa del Este,” Claves, Oct. 1990: 26.
6Manuel Castells, “La nueva revolución rusa,” Claves, Oct., 1991: 12.
7Michel Tatu, “Un golpe de estado frustrado,” Politica Exterior, 5.22 (1991): 133.
8Ludwig von Mieses, Socialísmo, Buenos Aires: Western Book Foundation.
9Gertrude Schroeder, “The Soviet Economy on a Treadmill of Reform,”Soviet Economy in a Time of Change, 1979
10Wolfgang Leonhard, The Kremlin and the West: A Realistic Approach, London: w.w.
Norton & Company, 1984,
12 Mikhail Gorbachev, Perestroika: New Thinking for Our Country and the World, New York: Harper &Row, Publishers, 1987, 17-22.
13Ibid., 36
14Ibid., 37.
15Leonid Abalkin, “El future del Mercado en la URSS,” Política Exterior 4.15 (1990), 197.
16Abel Aganbegyan, LAperestrika económica: una revolución en marcha, Barcelona: Ediciones Grijalbo, 1989.
17Luis Ángel Rojo, “Reforma económica y crisis en la URSS,” Claves, Mayo, 1991, 20
18Luis Ángel Rojo, “La URSS sin plan y sin mercado, “ Claves, Abril, 1990,26.
19Jean Winiecki, “Por que Polonia se deja adelantar,” Europa se reencuentra, Ed. Marilo Ruiz de Elvira y Carlo Pelanda, Madrid: Ediciones El País, S.A., 1991, 97.
20Manuel Castells, “El comienzo de la historia,” El socialismo del futuro, 1.2 (1990), 72
21Mikhail Gorbachev, “El mundo futuro y el socialismo,” El socialismo del futuro, 1.1 (1990), 10.
22Alexander Pumpianski, “Europa del Este huye de nosotros…¿No valdrá la pena seguir sus pasos?”, Europa se reencuentra, Ed. Marilo Ruiz de Elvira y Carlo Pelanda, Madrid: Ediciones El País, S.A., 1991, 53
23Ibid., 62-63.
24Milovan Djilas, “Sociedad: no; movimiento: si,” El socialismo del futuro, 1.3 (1991), 41.
25Alain Touraine, “El nacimiento de las sociedades postcomunistas,” Claves, Abril, 1991,3.